El dolor

by - septiembre 26, 2021

El dolor  
    “La vida es dura” “Vivir duele” “Los buenos momentos se pagan con los malos”. Parece que el gran mal del mundo es el propio malestar. El malestar que es algo tan humano, que nos dice tanto sobre nosotros, sobre nuestro entorno, sobre lo que nos hace daño... Es un mensaje tan inconsciente que nos habla de algo que todavía no somos capaces de procesar conscientemente. Pero, ¿Por qué pareciera que nos perjudica tanto? ¿Por qué la historias con finales trágicos comienzan con el sufrimiento? ¿No es esa la excusa para aquellos cuyo actuar contradice el potencial y la valía del ser humano?: “Esa persona es así porque ha sufrido mucho”. 
     El problema no es el dolor. El problema es que el dolor es ignorado, el dolor es rechazado, el dolor es evitado. El dolor es dolor profundo y ese dolor deja de doler porque no es atendido; y, cuando deja de doler, se convierte en odio, rencor, tristeza, enojo, en todas esas emociones que surgen de forma desbordada y nos consumen. 
    La labor de algunos psicólogos no es solo escuchar. Es también hacer que la persona recuerde lo que inconscientemente ha olvidado. Que su dolor es válido, es real y merece ser atendido. Que sus sentimientos importan. 
    Esto me recuerda a la letra de una canción que dice: “El dolor cuando es por dentro es más fuerte, no se alivia con decírselo a la gente”. Un dolor que duele dentro es un tipo distinto de dolor. Es un dolor que desaparece y reaparece, que si se ignora regresa. No se alivia al decirlo, se alivia al reconocerlo como un mensaje, que es importante y válido, hacia nosotros mismos. Porque lo que se reconoce, se enfrenta. Lo que se reconoce se soluciona.  
    Puede que no podamos entendernos siempre entre nosotros, que pensemos distinto y que la divergencia nos haga rechazar a los demás. Pero algo que compartimos, y que nos une, es que entendemos el dolor. Sabemos que el otro siente de forma similar a la nuestra y, por esta razón, ese dolor es nuestro lenguaje universal. No entiendo tus razones, pero si comprendo tu dolor. 
    Esa es la mejor aportación que podemos darle al mundo: el aprender a aceptar y a darle importancia al dolor de los demás. A motivarlos a sentir que sentir está bien. Si eres padre, aunque no comprendas el porqué, simpatiza con el dolor de tus hijos. Si eres hermano, amigo, familiar o incluso un extraño, haz un verdadero esfuerzo por sentir con el otro. Porque cuando se reconoce el dolor de los demás se dispara la empatía y se siembra una verdadera solidaridad que da frutos inimaginables. Frutos que, con el tiempo, empiezan a cambiar el mundo.  





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