Recuerdo que hace un tiempo me encontré con un libro en la biblioteca de la universidad titulado “¿Por qué duele el amor?" y lo tomé sintiendo un gran interés porque al fin alguien contestaba a dicha pregunta del millón. Resultó que este libro plantea muchas respuestas desde el punto de vista sociológico y, aunque estas respuestas hacían sentido, tampoco lograban hacer desaparecer el dolor que describían. Si bien tomar perspectiva ante los acontecimiento a veces es bueno, muchas veces este consuelo es pasajero y volvemos nuevamente a sufrir. Por tanto, si me preguntaran por qué pienso que duele el amor respondería: pues no lo sé. Y es que el dolor es ininteligible. No puedes pensar en sentir y por consecuencia sentir, sino que puedes recordar lo que pensaste, lo que dijiste a los demás, lo que hiciste cuando sentías, pero un sentimiento no se piensa: se siente.
Por esta razón aquellos que no están sufriendo por amor pueden tener muchas respuestas para estos que se hacen esta pregunta, pero estas respuestas tienen un pequeño sesgo también. Así que yo ofreceré una respuesta que, aunque posee a la vez cierto tipo de sesgo, tiene la ventaja de contestar a esta pregunta mientras siente dicho dolor.
El amor duele y no entiendo su por qué. Entiendo sus causas fisiológicas, entiendo el estrés adaptativo, entiendo el concepto de apego y de la oxitocina, entiendo todas estas explicaciones que aportan información valiosa pero aún así no termino de encontrar una respuesta satisfactoria. Y esto me lleva a pensar que talvez el dolor por amor no es algo 100% razonable, pues la razón me dice que mi dolor es normal, que está bien y que lo que ha pasado es para mi bien, pero no se siente así, no se siente normal, no se siente bien y no se siente como si lo que ha pasado ha sido para bien. Entonces tal vez el dolor no se enfrenta pensándolo, pensando en si hace sentido, si está bien, tal vez se enfrenta sintiéndolo. Dejándolo sentir de diversas formas: con palabras que decimos que reflejan lo que sentimos, con lágrimas, a veces con apatía, a veces con enojo (cuidando no descargarlo en victimas inocentes), a veces con cierto tono de desesperanza, a veces escribiendo una entrada de un blog...
El dolor es tan fuerte y real porque es un grito de desesperación para restaurar ese bien que tanto queríamos y que ya no está, ese bien que sentíamos que nos hacía bien (aunque la realidad inteligible no fuese así), y tal vez el dolor no es como tal lo que nos hace humanos, tal vez lo que nos hace humanos es pensar sobre el dolor sabiendo qué pensar no lo callará, no lo calmará y no lo hará desaparecer. Es la valentía de pensar. Y estos pensamientos no deben pretender rumiar en los hechos en "¿qué pasó?" "¿qué hice mal?" "¿cuándo todo lo bueno se convirtió en esta realidad que odio?" pues todas esas preguntas no tienen una sola respuesta y pueden llevarnos a un ciclo vicioso. Los pensamientos deben de admitir la situación, comprender las causas del dolor, llevar una convicción de aceptación y un propósito final que debemos plantearnos: ¿que cambiará dentro de mi una vez deje de sentir lo que siento? ¿cómo este dolor me hará distinta? y no con el fin de no sentirlo nunca más sino con la creencia de que sentir siempre tiene un sentido mayor, un sentido trascendental.
Para mis lectores, no sé por qué duele el amor cuando ese amor no ha cumplido su propósito esencial que es "hacernos felices". No sé por qué a veces el futuro parece una realidad que no vale la pena, no sé por qué si lo intentamos con tantas fuerzas los resultados no son los esperados, no se por qué los recuerdos, las ilusiones, los planes a futuro, el saber que querías y que te querían, y que eso se ha acabo, duele tanto. No lo comprendo, pero tal vez no debo comprenderlo sino que sentirlo y debo esperar a que este sentimiento produzca un cambio dentro de mi y me convierta en un ser humano más empático, más bondadoso, más libre. Pues si el dolor cuando se deje de sentir me transformará en todo esto y me preparará para algo mejor entonces si, si vale la pena el dolor, y ¿por qué duele? No lo sé, pero si tiene que doler, es mejor que duela.